martes, 23 de septiembre de 2008

Sana recreación...

Hoy... salimos de una conferencia (video conferencia desde España para precisar) en la que nos dimos cuenta que mi blog es 2.0, Nayeli es 2.0 por más que sus relaciones amorosas sean 0.0, Daniel San es 1.5 y mi celular es 2.0; nos fuimos a tirar al pasto para variar (que si alguien nos necesita y no nos encuentra, estamos en el pasto a un lado del A8).

En el pasto, hemos realizado todo tipo de actividades recreativas. Desde hacer casitas con ramas y luego quemarlas; una parodia de las olimpiadas con la excepcional Paola "La Gloris" Komanechi; es nuestro punto de reunión; nuestro lugar para desayunar, almorzar y comer. Pero el día de hoy también lo convertimos en nuestro espacio de sana recreación.

Cuando llegamos, estaba un poco húmedo el pasto, entonces nos fuimos a sentar a una bardita que corre al filo del camino. Estabamos ahí sentados no sé que en qué artes (es que fui al baño y no supe como empezó) estaban cantando y jugando. Estaban coreando rancheras cuando yo regresé.

En eso, todavía me regresé al salón a ver si había alguien por ahí... y se me pegó la Morada y Ari. Regresamos al pasto y en eso dijimos ¿Y por qué no? Y que se paran y nos ponemos a jugar. Mariela tomó el lugar de Naye...

Es como una versión más extraña de Te la sabes... cántala. Es muy fácil jugar: Alguien dirá una palabra y todos los jugadores (o equipos) tiene que correr y tocar a quién dice la palabra y corear una canción con esa palabra.

Mariela decía las palabras y formamos dos equipos.
Equipo 1: Sandra, Marisol, Morada, Ari, Victor y Alde.
Equipo 2: Kika, Cinthya, Nayeli, Daniel San y yo.

Y pues bueno... El recuento de la cantada:

Daniel se derrapó (juras) para no jodernos como equipo porque corrió sin saberse una canción. Kika fue aventada al piso por Alde a media discusión de quién llegó primero. Cantamos canciones de Cri-cri hasta de... ¡No sé! Paquita la del barrio yo creo. Alde hizo una maravillosamente vergonzosa interpretación del Venao. Perdimos la decencia y la verguenza porque todo aquel que iba a comprar algo a la cafetería del A8 se rió de nosotros (O más bien ¡Alegramos personas!) Reímos hasta que nos dolió la panza tal cual pingos y así fue el día de hoy.

Y para que no digan que qué ojete soy, les dejo un video que grabé para ustedes (juro).

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